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Una Pequeña Reflexión en el Día de Acción de Gracias (Thanksgiving)

No sé si le ha pasado esto a Ud. antes, pero yo de vez en cuando escucho una de esas predicas que realmente me dejan impactado por varios días.  Sobre todo si son de temas que dejan por descubierto uno de estos pecados o debilidades que uno realmente ignoraba, o que quizás inconscientemente no le quería prestar atención.

Aunque no creo que pueda recordarme todos los detalles que escuche en ese sermón del Día de Acción de Gracias, por lo menos compartiré con Uds. los detalles más importantes.  El pastor empezó con la historia que se registra en Lucas 17:11-19: Diez leprosos son limpiados:

Lucas 17:11-19 Reina-Valera 1960 (RVR1960):

11 Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.

12 Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos

13 y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!

14 Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados.

15 Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

16 y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano.

17 Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?

18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?

19 Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Aunque en aquellos días la “lepra” era realmente un término bastante general que describía a un gran número de condiciones medicas tales como enfermedades o infecciones a la piel, se cree que en muchos casos la lepra de la Biblia si describía también a la lepra “verdadera” o como se conoce hoy en día en medicina como el “Bacilo de Hansen”.

Sea como sea, en aquellos días, si un sacerdote judío (que en aquel tiempo también desempeñaba en parte la labor de un doctor) declaraba a alguien ser un leproso, este pobre hombre (o mujer) perdería en un instante a su familia, sus amistades, su trabajo y sobre todo su vivienda.  Ser leproso en la Palestina del Siglo I era realmente toda una tragedia, las personas que sufrían de este mal terminaban muriendo tarde o temprano: Primero a los leprosos se le aparecían manchas en la cara, perdían eventualmente su tacto y finalmente morirían porque alguna enfermedad común le infectaría ya que sus cuerpos perderían todas sus defensas inmunológicas.   A los leprosos en aquellos tiempos se les conocían también como los “muertos caminantes”, y por todo tipo de razones prácticas habidas y por haber, realmente eran muertos caminantes.

Cuando alguien pasaba cerca de ellos, en las afueras de las ciudades, los leprosos tenían que tocar unas campanitas y gritar “inmundo” “inmundo”, para alertar a los que pasaban de que corrían el riesgo de ser contagiados porque las bacterias de la lepra podrían propagarse inclusive a través del aire.

Como podrán ver, la situación de estos diez leprosos en Lucas 17 era realmente grave y penosa.  Vivían segregados en un mundo sin amor y sin esperanza, sentenciados a una muerte inescapable.

Sin embargo, de alguna forma u otra, estos diez leprosos escucharon de que por allí estaba pasando un tal Jesús de Nazaret, conocido también como el Mesías, el Hijo del Dios Viviente.  Quizás no fue exactamente motivación religiosa o espiritual la que los impulsa a pedir desesperadamente su ayuda, sino que más bien fue algo así como un impulso o instinto de sobrevivencia.

El Señor Jesús, como siempre, lleno de amor y compasión hacia los hombres les dijo simplemente que vayan a verse con los sacerdotes (versículo 14).  Lucas, el autor de este evangelio y médico de profesión, no registra que el Señor les haya puesto las manos en las frentes para que los leprosos se caerán hacia atrás como embriagados o hipnotizados; no se menciona tampoco revolcones en el piso, ni tampoco estoy seguro nada estrafalario (1 Corintios 14:40).

Jesús simplemente les dijo que vayan a ver a los sacerdotes (como lo requería la Ley de Moisés en Levítico 14 por ejemplo).  Fue así de simple y con mucha humildad.  Nuestro glorioso Señor Jesucristo no estaba interesado en escenas de circo, sino simplemente y con mucha humildad los sano allí, poco a poco mientras caminaban hacia al sacerdote, pero los sano así humildemente como para dar gloria a Dios, y no gloria a Él mismo.  El interés de Jesús en la tierra no era de buscar su propia gloria, sino que como Dios y hombre a la vez, y como ejemplo a los demás, se humillo así mismo haciéndose igual a hombre para agradar al Padre (Filipenses 2: 5-8).

Después, como leímos en el versículo 15, vemos que solo uno de los leprosos regreso para darle gloria a Dios, postrándose ante Jesús como señal de reverencia.  Solamente fue uno el que regresó a darle gracias al Señor, y ni siquiera era judío, sino era un “samaritano” (verso 16), un extranjero en Israel a quienes los judíos despreciaban.  El Señor había venido a servir primero a las ovejas perdidas de Israel, el pueblo escogido de Dios (Jeremías 50: 17, Mateo 10:6, y Mateo 15: 21-28), pero sin embargo en este caso curo también a un extranjero, y también en este caso fue el único que le dio gracias a Jesús.  Ninguno de los judíos leprosos regreso para agradecerle al Señor su obra restauradora.

Esto también nos pasa muchas veces a nosotros mismos, como cristianos, el pueblo escogido de Dios durante el tiempo de los gentiles (Lucas 21: 24).  Hemos escuchado la palabra de Dios; hemos aceptado a Jesús en nuestros corazones; el Espíritu Santo nos ha limpiado de nuestros pecados he iniquidades, y la pregunta que en esta oportunidad nos podemos (o debemos) hacernos a nosotros mismos es:

¿Le estamos a dando gracias a Dios continuamente por esa salvación inmerecida? 

La verdad es que muchas veces no lo hacemos.  Demasiadas veces, incluyéndome a mí, y creo que esta fue la razón por la cual este pequeño sermón me impacto tanto (la palabra de Dios ciertamente escudriña el corazón del hombre).

No hay la menor duda que como cristianos nosotros debemos dar siempre gracias a Dios por todo lo que tenemos: Tenemos que vivir en acción de gracias continuo.  Todos los días.

Sé que este término, “acción de gracias”, puede sonar algo “raro” en el mundo hispano (salvo de nuestro español de los Estados Unidos), pero en la Biblia estos términos están registrados en muchos lugares (Salmos 100:4, Efesios 5: 4 y 20, Filipenses 4:6, Colosenses 2:6-7, y 1 Tesalonicenses 5:16-18 y también hay más versículos aunque por alguna razón en el español de Reina-Valera se traduce como “alabar” mientras que en inglés como “give thanks”).

Dar gracias a Dios no es una opción más: Es un deber, es un mandamiento, es una forma de aceptar que Dios de alguna forma u otra se manifiesta en nuestra vida.  Quizás Dios no siempre nos va a dar todos los deseos y caprichos de nuestro corazón (acuérdense que Dios no es un genio que lo encontramos en una lámpara y tiene la obligación de darnos tres deseos).  Dios es soberano y con voluntad propia.  Él sabe lo que es mejor para nosotros (nosotros no le podemos exigir o demandar a Dios nada).

De todas maneras, creo que puedo decir que es un pecado ser mal agradecidos.  Digo esto ahora con toda convicción y sin temor a equivocarme que (nuevamente) no dar gracias a Dios por todas las cosas que tenemos, y especialmente por haber mandado a Cristo Jesús a morir por nosotros en una cruz, es un pecado.

Ahora bien, ante los ojos de Dios no hay un pecado grande o un pecado chico.  Un pecado es un pecado, y nosotros sabemos que Dios aborrece el pecado (ver Mateo 5:29-30 y 1 Juan 3:4-9 por ejemplo).

Veamos ahora como Dios ve al pecador (según Isaías 1:4-6 pero ver en contexto):

4 ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.

5 ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.

6 Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.

Cuando pecamos, Dios nos ve así, como leprosos espirituales, como personas enfermas de pie a cabeza, con hinchazones y llagas podridas.  Somos también como cadáveres caminantes llenos de inmundicia, putrefacción, y con una muerte asegurada: una muerte carnal y espiritual inescapable.  

Son duras las palabras del profeta Isaías, pero en realidad es Dios mismo el autor de estas palabras, quien nos ve así de esta forma cuando estamos en pecado, y la verdad es que nadie puede decir que uno no es pecador.  Decir que no tenemos pecados seria hacernos mentirosos, y uno de estos pecados es el no ser agradecidos; es decir, el no darle gracias a Dios por lo que Él ya ha hecho por nosotros: Perdonar nuestros pecados por medio de la sangre redentora de Cristo.

Realmente no digo que todos los Latinoamericanos o españoles deben copiarse esta tradición netamente norteamericana (aunque generalmente lo que nos copiamos de los Estados Unidos son cosas generalmente malas como fiestas paganas o leyes sodomitas),  pero sí creo que por lo menos aquí, dentro del contexto histórico de este país, es una celebración bonita pues nos recuerda dar gracias a Dios.

El Día de Acción de Gracias, entonces, nos recuerda a que debemos de dar gracias a Dios por limpiarnos de todas nuestras inmundicias espirituales.  Nos recuerda debemos de darle gracias al Omnipotente por siempre, en todo tiempo y bajo todas circunstancias.  Dar gracias a Dios en las buenas y en las malas.  Si, darle gracias a Dios aun en las pruebas, porque el poder de Dios se perfecciona aun en nuestras debilidades (2 Corintios 12:9).

Amén.

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  1. Reyna Nuñez
    9 noviembre 2012 en 1:01 am | #1

    ¡Qué mensaje más hermoso! Estaba buscando una idea para hablar a mis jóvenes en este próximo día de acción de gracias… Esto me encanto porque ha tocado mi corazón estoy segura que será de bendición para todo el grupo. Gracias por compartir. ¡Bendiciones!

  2. Carlos
    9 noviembre 2012 en 10:38 am | #2

    Gracias hermana. Lo único que no me puedo acordar donde escuche este mensaje el año pasado. Bendiciones a Ud. también.

  3. Natalia
    22 noviembre 2012 en 1:57 pm | #3

    Gracias por tan inspirador mensaje de paz y amor :)

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