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Otro Mensaje de Reflexión de Año Nuevo: Una Resolución que Agrade a Dios

31 diciembre 2011 Deja un comentario

Ya casi se acerco el fin del año y por lo menos a mi me parece una mentira de que todo allá sido tan rápido que casi no lo puedo creer.  Como es típico, al final de año muchos de nosotros pensamos en resoluciones para hacer: Comer menos; hacer más ejercicios; ser un mejor padre o esposo; gastar más tiempo con la familia; aprender a tocar guitarra, etc.  La lista de deseos es larga pero difícil de seguir.  Muchos de nuestros deseos y resoluciones, sin embargo, son aspiraciones generalmente materiales que aunque no tienen nada de malo seguirlos, aun así, son cosas que no nos van a ayudar necesariamente a ser mejores cristianos.

Entonces si uno quiere tomar un paso más hacia delante, uno puede tratar de ser más espiritual; es decir, acercarse más a Dios.  Quizás entonces, dentro de esta segunda categoría de resoluciones, las obras de caridad siempre son las primeras en resaltar en las mentes de la mayoría de hispanos: Ayudar al necesitado; alentar al afligido; visitar a los presos; apoyar a la iglesia; voluntarisarse por alguna causa justa, etc.

Dentro de la tradición cristiana evangélica, los frutos o consecuencias de la santidad se podrían definir de formas similares pero (a la misma vez) se podrían alcanzar solo de acuerdo a lo que nuestros lentes doctrinales muchas veces nos permitan ver (por eso es importante escudriñar la palabra para alcanzar santidad tal como la Biblia nos indica y que pueden ser algunas veces contraria a lo que nuestras propias denominaciones nos pueden enseñar).  Quizás para algunos hermanos pentecostales, parte de esa trayectoria hacia un mejor cristianismo, o un cristianismo verdadero según su entendimiento, se podría alcanzar con el tan-apreciado don de lenguas (aunque yo no estoy tan seguro que esto es lo más deseable en nuestros días).  Quizás para algunos hermanos bautistas, esa trayectoria hacia la santidad se podría recorrer iniciando metas más tangibles y especificas como, para dar solo un ejemplo, leyendo la Biblia en 12 meses (lo cual me parece una meta más razonable aunque no siempre espiritual dependiendo en el caso especifico de la persona).

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