La Lengua

Estudio de la Biblia: Santiago 3:1-12

En este pasaje de Santiago, el autor se dirige a una congregación de judíos cristianos que tenían los mismos problemas que muchos líderes en las iglesias en Latino América tienen hoy en día: ambiciones económicas desmedidas, falta de ética con el dinero, ansias de poder y fama, y falta de sabiduría (Cevallos, 236).

Este es también uno de los problemas más grandes que tenemos con el cristianismo de nuestros tiempos.  Hoy en día podríamos observar muchos pastores y maestros que lo son por voluntad propia, y no por mandato y don de Dios.  Y aquí en Santiago, el Espíritu Santo, el verdadero Autor de esta epístola, nos recuerda que aquellos que enseñan tienen más responsabilidad que los demás.  Puesto que aquellos que se hacen lideres por sí mismos, a menudo lo hacen para buscar dinero, prestigio, y en muchos casos hasta fama, ellos van a recibir mayor condenación (ibíd).

Una de las características de este tipo de líderes es su falta de responsabilidad para con los creyentes.  No les importa enseñar doctrina porque su verdadero interés no es predicar la Palabra.  Por consecuencia, sus sermones no van a ser sermones, van a ser discursos, monólogos carnales de lenguas desordenadas que muchas veces van a ser solo declaraciones de maldad, contra los hermanos de la iglesia.

 

Santiago 3:1: Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

Santiago no está aquí tratando de desalentar a los hermanos, a aquellos que son creyentes genuinos en la fe, a no ser maestros o pastores; sino que más bien quería advertir a aquellos falsos profetas que si llevan a la confusión y a la perdición a otros, y por eso advierte que ellos como maestros van a tener mayor condenación.

Como mencionaba arriba, este es también un problema que la Iglesia enfrenta hoy en día. ¿Cuantas personas hoy en día no quieren saber nada del evangelio de Dios por culpa de algunos hermanos y pastores que han estado dando malos ejemplos?

Creo que hay gran responsabilidad en enseñar, pero uno debe hacerlo además por medio del buen ejemplo personal también, nunca atacando personalmente a los demás sin razón legitima.  Este es un problema que tristemente yo he podido presenciar.  Por ejemplo, hace muchos años escuché a alguien hablar claramente contra un hermano, mandando indirectas y utilizando Proverbios 6, pasaje que habla contra la pereza.

Hay formas en que se puede amonestar a los demás, pero si el hermano es débil en la fe, y esta amonestación es deliberada y en público, entonces lo que este “maestro” puede hacer a las finales es poner tropiezo a un hermano nuevo en la fe.

De esto es precisamente lo que Jesús estaba advirtiendo en Mateo 18:6 (Leer también en contexto):

Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.

Aquí el término pequeños se refiere a los niños de los cuales Jesús estaba hablando en los versículos anteriores, pero también incluye a un grupo más amplio: “El término incluye a los débiles, los inmaduros, los descuidados y los indefensos…”  Además, “Pequeños que creen en mí (v. 6) sugiere que no se trata de niños muy pequeños, sino de personas con edad como para escoger seguir a Jesús” (Carro, 240).

Cuando un hermano es nuevo o inmaduro en la fe, uno tiene que tener mucho cuidado con aquellas “indirectas.”   En el ejemplo que mencioné de Proverbios, esta persona utilizó el capítulo 6 de Proverbios de una forma claramente degradante, ya que este texto bíblico menciona (entre otras cosas) la palabra “perezoso” dos veces.  Era una indirecta en contra de un hermano que no podía trabajar, no porque no quería, sino lo más probable era porque no podía, pues él tenía serias incapacidades físicas.

Hay formas apropiadas de exhortar y llamar la atención a los demás, cuando hay necesidad legitima, y Jesucristo habla de ellas también en Mateo 18, en los versículos 15 al 17.  En este caso, si una persona se comporta mal, contra uno mismo o contra otros hermanos, uno debe de llamarle la atención en privado primero.  La idea aquí es claramente ganar al hermano para Cristo (versículo 15), haciéndole saber su falta para que se arrepienta de corazón, no para ofenderlo frente a los demás, y ciertamente no para apartarlo de Cristo.

 

Santiago 3:2 Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.

Creo que es claro aquí que todos ofendemos a los demás.  Es parte de ser humano.  Es un estado natural de depravación en el cual todos nosotros estamos (1 Juan 1:8).  Aquí Santiago está hablando entonces de que todos ofendemos, no de vez en cuando, sino muchas veces.”  Si, aquí también, Santiago también nos amonesta incluyéndose él mismo, pues él también reconoce humildemente que no es perfecto.

Y entonces aquí comienza a hablar del varón perfecto, pero como ustedes saben, no existe persona perfecta en este mundo.  El único que fue humanamente perfecto es Jesús (1 Pedro 2:22), y esto se debe a que Cristo, a pesar de venir en forma de hombre (Juan 1:14), aun así es a la misma vez Dios (Juan 20:28).

Creo que lo que Santiago quiere decir es que, si hay algún varón perfecto, si existiera, este podría idealmente refrenar todo su cuerpo.  Esto es por supuesto imposible, pues como mencionamos nadie es perfecto.  Pero creo que lo que Santiago está más bien tratando de hacer es describir al hermano maduro en la fe.

Es algo parecido al mandamiento “no mentiras” que está ilustrado en Éxodo 20:16.  Originalmente, allí en Éxodo 20, el mandamiento fue promulgado en un contexto jurídico: No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.”  Lo que quiere decir es que en el contexto de un juicio o demanda judicial, uno no debe mentir, especialmente cuando esto va a perjudicar al prójimo, ocasionándole una sentencia más larga, por ejemplo.

Después, de este mandamiento especifico se extrajo el principio general de no mentir, en general y en todo caso.  Algo que es imposible de cumplir porque realmente todos nosotros hemos mentido en algunas partes de nuestras vidas, pero como creyentes y con la ayuda del Espíritu de Dios en nosotros, vamos a dejar de mentir – por lo menos en la gran mayoría de los casos.

Lo que Santiago está diciendo en este versículo es que un hombre o una mujer de Dios va a tener la disciplina de poder normalmente refrenar su lengua.  Recordemos que aunque todos pecamos, el inconverso hay veces lo va a ser descaradamente, y en algunos casos con algún remordimiento (pues el hombre fue creado a la imagen de Dios), pero el creyente no solo tiene la conciencia, sino además al bendito Espíritu Santo, quien nos va a ayudar para no tener que ofender a los demás por razones equivocadas.

Aun así, va a ver casos en que al comienzo no nos demos cuenta que estemos ofendiendo a los demás, y allí es cuando el Espíritu Santo nos va a hablar a nuestro interior, y nos va a decir que lo que acabamos de decir fue ofensivo, o por lo menos inapropiado.  Otras veces, por supuesto, Dios lo va a hablar por medio de otra persona, especialmente un hermano de la fe.  Aun otras veces, Cristo nos lo va a decir mucho después, a la hora de leer la Palabra o a la hora de orar.  Por eso es importante estar siempre en comunión con Dios, orando y estudiando su Palabra en todo momento que podamos.

 

Santiago 3:3-5:

3 He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo.

4 Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere.

5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

Aquí vemos tres analogías: La del caballo, la de la nave y el del fuego.  En el caso del primero, Santiago está hablando de ese freno que le ponen al caballo en la boca, y después las cuerdas que se utilizan para dirigir al caballo a la derecha o a la izquierda.  Dice que de esta forma se controla al caballo.  En el ejemplo de la nave, un barco puede ser enorme, pero el capitán la puede controlar con un solo timón, el cual es pequeño.  Y por último, en el caso del fuego, su llama puede ser pequeña al comienzo, pero a la misma vez esta puede encender un bosque entero (ver también Cevallos, 238–240).

Creo que la idea general está bastante clara: La lengua puede ser un órgano pequeño en nuestro cuerpo, pero tiene el potencial de dirigir, controlar y hasta corromper todo nuestro cuerpo (esta es la idea que ilustra también la siguiente frase en el siguiente verso: La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo”).  

La lengua es entonces un órgano que pesar de ser pequeño, “se jacta” de grandes cosas (verso 5), y la verdad es que con nuestras lenguas podemos ofender a muchas personas y causar mucho daño.  Más aun aquellos que tienen el control del pulpito.  Harán más daño, pero también recibirán mayor condenación: “muchos azotes” (Lucas 12:47).

Con la lengua, y todo lo que esta representa, podemos avergonzar a los pobres, podemos humillar a los ancianos, y hasta podemos poder en ridículo a las personas con retrasos mentales.

Estas cosas son horribles, pero veo que se hacen – desgraciadamente – todo el tiempo.  Aun, se podría argüir, si estas cosas se hacen inconscientemente y sin mala intención, la verdad es que los daños pueden ser igualmente graves, y por eso tenemos que tener mucho cuidado y pensar bien antes de hablar.  Esto es algo que lo podemos hacer con la ayuda del Espíritu Santo.  Controlar una lengua por nosotros mismos, es casi imposible para el hombre, pero con la ayuda de Dios lo podemos hacer, como veremos más adelante.

 

Santiago 3:6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno.

Este puede ser un versículo muy difícil de interpretar, sobre todo la parte que dice que la lengua “…inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Reina-Valera 1960).

¿Qué creen que quiere decir con esto?  ¿Cuál es exactamente la rueda de la creación?

En la antigua versión inglesa del Rey Santiago (King James), se traduce como que la lengua “enciende con fuego el curso de la naturaleza; y se pone en el fuego del infierno” (setteth on fire the course of nature; and it is set on fire of hell), lo cual también me parece que es una traducción un poco difícil de entender, pero aun así, es más clara que la sección análoga rueda de la creación en Reina Valera.  De todas formas, esto nos aclara un poco más el panorama: no hay un mensaje positivo aquí.  El infierno no es un lugar deseable.

La traducción literal al español de la Biblia de Estudio de John MacArthur menciona, por otro lado, un circulo de vida, el cual es una frase o expresión que quiere decir que la lengua puede afectar no solo al individuo que la tiene, él que habla, sino también a todas las personas que la escuchan (MacArthur, Santiago 3:6).  El efecto, entonces, va en dos direcciones, pues la lengua afecta no solo al hablador, sino también al oidor.  No tiene que ser un dialogo tampoco, puede ser un monologo, pero el daño que puede causar puede ser grave por igual.

La lengua puede entonces afectar a todo el “circulo de vida, a la “rueda de la creación” — y puede dañar al último a las personas de tal forma que las puede llevar al mismo infierno.  Esto es, por supuesto, bastante malo (no hay, por supuesto, nada que sea más malo, o más terrible, que ir a parar al infierno por toda una eternidad), pues cuando una persona habla mal de alguien, no solo la persona que recibe la mala evaluación es afectada, y se puede separar de la iglesia, sino también la gente que está alrededor puede escuchar y tener mal testimonio de todos los cristianos en general.  Es como una plaga que tiene el potencial de infectar todo el cuerpo de Cristo.  Esto pasa bastante.

Ahora bien, aquí en el versículo 6, la última palabra se traduce al español como infierno pero en realidad la palabra en griego es gehenna, que quiere decir el valle del Hinón.  Durante los tiempos de Cristo, este era algo así como un valle o barranco que quedaba al Sur Oeste de Jerusalén, que funcionaba como un lugar en donde se ponían toda la basura y la quemaban constantemente pues el fuego siempre lo tenían encendido (MacArthur).

Esto es interesante porque lo que Santiago estaba haciendo aquí era compararla con el infierno, lo cual también Jesús mismo también lo hizo en Marcos 9: 42-48.  Ahora, quisiera también pedirle al lector que al leer el siguiente pasaje, que evalué si esta palabra “infierno” (su significado) parece concordar con el contexto dado:

    42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.

    43 Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado,

    44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

    45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,

    46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

    47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno,

    48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.

Si tenemos en cuenta el contexto de este último pasaje en Mateo, creo que es claro ver que Jesús empleo esta palabra, gehenna, o el valle del Hinón, para indicar el infierno.  Al igual que Santiago, el Señor Jesús utilizaba esta ilustración para describir un lugar de castigo y tormento eterno.

Esto es algo que justo estaba hablando anoche en la clase de estudio bíblico que comparto en la prisión de la ciudad donde vivo (Cedar Rapids, Iowa, EEUU).  Les decía a los presos (y la mayoría de ellos están allí solo por no tener documentos legales) que quizás seis meses o un año atrás no sabían sobre esta prisión local en donde ahora se encuentran.  Por supuesto, no creo que nadie estaba “planeando” estar allí tampoco.

Pero la idea que quería ilustrar es que durante ese tiempo atrás, si hubieran negado la existencia de tal prisión (y golpié la pared ligeramente en esos momentos para hacer ruido y mostrar que era material y por consiguiente real) en esos tiempos atrás, eso no importaba.

Negaran o no la existencia de ese edificio no lo iban a hacer desaparecer misteriosamente.  Esta prisión iba a seguir existiendo – piensen lo que piensen.  Así también es el infierno, el lago de fuego y azufre, que es como una prisión de donde no hay escape.  Neguemos su existencia o no, eso no importa, el infierno es igualmente un lugar real y verdadero.

Les menciono esto porque va a ver sectas por allí (por ej. aquellos que se autoproclaman ser Testigos de Jehová) que dicen que el infierno no existe.  Y para tratar de explicar sus argumentos, ellos dicen que en casos como este, en Santiago, no se habla de infierno sino del valle de Hinón, lo cual es verdad, pero también es verdad que este es el lugar que representa el infierno.  Es una analogía que representa algo real y verdadero que existe, en estos mismos momentos, ese lugar si existe.

Las analogías eran bastantes comunes también en el Antiguo Testamento.  No sé porque insisten en tomar esta referencia solo literalmente, cuando creo que es tan obvio que se refiere a un lugar de tormento, no solo un lugar donde quemaban la basura.

Esta es la razón por la cual mencione arriba todos estos siete versículos en Mateo, para ver el contexto, que se explica así mismo claramente.  Pues, así como había un lugar designado en donde se ponía a la basura de Jerusalén para quemarla, con un fuego que nunca se apagaba, así también la gente va a ser castigada eternamente por sus pecados, donde van a seguir pecando, pues la paga del pecado es la muerte eterna, algo que no quiere decir aniquilación total y permanente (como algunos creen), sino una muerte segunda que significa tormento eterno (cf. Romanos 6:23).

Dios no quiere que nadie vaya allá, y por eso irán todos aquellos que no quisieron recibir el perdón de los pecados que solo Cristo, el Hijo del Dios Viviente puede otorgar.

 

Santiago 3:7-8:

7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana;

8 pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.

En los versículos 7 y 8 vemos que Santiago utiliza otra ilustración: el hombre ha podido domar las aves y las bestias del campo, pero que, aun así, no ha podido domar su propia lengua.  Estoy seguro que muchos habrán oído de grandes políticos y oradores han hablado de vez en cuando tonterías, que les han causado problemas, porque habían hablado primero sin pensar.

Por ejemplo, hace ya algunos años atrás, el senador norteamericano Harry Reid (un líder entre los senadores demócratas en los EEUU) hablo una de las tonterias más grandes del mundo cuando llamo al Presidente Norteamericano Barack Obama un negro de piel clara que no habla dialecto de los negros americanos.

Después lógicamente se disculpo, pero lo que podemos deducir de esta anécdota es que lo que dijo este hombre realmente salió de su interior; es decir, este líder demócrata aparentemente tiene ideas prejuiciosas muy dentro de sí que de vez en cuando se le salen a relucir.  El senador Reid estaba realmente reluciendo lo que salía de lo más profundo de su corazón.  Así como el Sr. Reid, en realidad todos nosotros somos intrínsecamente malos y estamos destituidos de la gloria de Dios (cf. Mateo 15:19; Romanos 3:23).

Si uno de los políticos más poderosos del mundo no supo, en un momento de emoción, refrenar su lengua; ahora más aun la mayoría de nosotros que no somos oradores, experimentados en política, tarde o temprano vamos a fallar – vamos a fallar si no tenemos la ayuda de Dios.  Porque con la ayuda de Dios todo es posible.  No vamos a ser nunca perfectos, de vez en cuanto vamos a cometer errores, pero podemos aprender a domar nuestras lenguas.  Esta es quizás la idea principal del pasaje, aprender a domar nuestras leguas.

 

Santiago 3:9-10:

9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.

10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.

Ahora Santiago ilustra un tremendo contraste: con la lengua bendecimos a Dios, pero a la misma vez, también maldecimos a los hombres.  Noten la humildad de Santiago, nuevamente se incluye entre los pecadores: [nosotros] “maldecimos.”

Esto es algo que también es verdad entre todos nosotros – en realidad todo lo que está en la Biblia es verdad, pero no es siempre fácil reconocerlo, sobre todo a nivel personal.  Muchos de nosotros queremos bendecir a Dios, y tratamos de hacerlo, y eso está muy bien; pero también con la misma boca podemos maldecir a nuestros prójimos.  Ese es el problema.

Quizás no digamos directamente maldito sea fulano, mengano o zutano, pero con nuestras actitudes negativas podemos igualmente maldecir a nuestros semejantes.  El resultado es el mismo.  Cuando hablamos mal de alguien, cuando lo criticamos injustamente, es como si estuviéramos maldiciendo a esa persona.

Si decimos, por ejemplo, ese fulanito es un sinvergüenza por la razón A o B, ya estamos creando un ambiente negativo que puede perjudicar no solo a tal “fulanito”; sino que es algo que también va a “rebotar” en contra de nosotros.  Pues cada vez que uno habla mal, la gente que nos escucha puede pensar más bien mal de nosotros, pues a nadie le gusta juntarse con una persona negativa y criticona.

Entonces, cuando criticamos a otros injustamente, la gente puede estar pensando dentro de sí misma que, así como nosotros estamos criticando a una persona X o Y que no esta en esos momentos presente, así también en el día de mañana nosotros vamos a estar criticando a nuestros actuales oyentes también.  Es una situación perder o perder.

No estoy diciendo tampoco que nunca es aceptable criticar a los demás – pues van a ver situaciones en donde si vamos a tener que actuar.

Uno de estos casos que yo creo que es aceptable, y hasta necesario, es que uno puede criticar la doctrina equivocada de otros.  Si alguien, especialmente una personalidad conocida está llevando a la gente al infierno con sus herejías, entonces si es licito criticar y sobre todo advertir sobre la doctrina de aquella persona.

Esto es básicamente lo que Santiago está haciendo aquí también.

La epístola de Pablo a los Colosenses, por ejemplo, fue escrita por esta misma razón: para advertir en contra de las malas doctrinas que algunos falsos profetas enseñaban.  Lo mismo podemos decir de la corta pero importante carta de San Judas.

Entonces esa es una interpretación general de estos dos versículos, pero aparentemente Santiago, que está hablando a los judíos cristianos dispersos en aquellos tiempos, estaba también posiblemente refiriéndose a una costumbre hebrea que era que cada vez que hablaban de Dios, añadían la expresión bendito sea Él (MacArthur).

¿Una costumbre bonita? Yo creo que sí, especialmente si sale del corazón.  A Dios siempre lo debemos de bendecir, como también debemos de bendecir a Israel.  Pero lo que Santiago quería decir aquí es que con la misma lengua que bendecimos a Dios, también con esta misma lengua maldecimos a nuestros hermanos. Y esta si no es una costumbre bonita.

Creo discernir cierta urgencia en la amonestación: “Hermanos míos, esto no debe ser así.”  En otras palabras, este tipo de comportamiento no es éticamente aceptable para el cristiano.

 

Santiago 3:11-12

11 ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?

12 Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.

Estos dos últimos versículos hablan claramente de los frutos espirituales, y las palabras de Santiago nos hacen acordar también a lo que en Reina-Valera 1960 se titula como Por sus frutos los conoceréis en Lucas 6: 43-44 y en Mateo 7:15-20.  En este último pasaje, versión Mateo, nuestro Señor Jesucristo nos advierte claramente: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15) y después explica la analogía de los árboles y los frutos.  La idea es bastante parecida a la que nos ilustra Santiago:  Un buen árbol da buenos frutos y un mal árbol da asimismo malos frutos.  Estos relatos sinópticos encajan muy bien con el primer versículo de nuestra lectura (Santiago 3:1), donde se advierte acerca de convertirse en un maestro falso, persona que recibiria “mayor condenación.”

Hay, sin embargo, una diferencia entre las enseñanzas registradas por Santiago con las de Mateo y Lucas.  Santiago advierte a los que quieran o pretendan ser maestros, pero el Señor Jesucristo advierte a los discípulos, que tenga cuidado a quien deban escuchar.  Como que Jesucristo nos quisiera decir a nosotros también: Guárdense de los parlanchines que pueden parecer muy religiosos, pero en realidad son lobos vestidos de ovejas (cf. Mateo 7:22-23 y 7:15).

Como decía al comienzo, este pasaje es muy relevante para nuestros días.  El cristianismo parece estar en decadencia.  Son signos o señales de apostasía, o señales de apostasía, que estamos viviendo los últimos tiempos (2 Tesalonicenses 2:3; 1 Juan 2:19).

 

Conclusión

Un punto importante de este pasaje es la advertencia que Santiago hace a aquellos que, no siendo creyentes de verdad, estén pensando en enseñar por razones egoístas y carnales.  Su castigo será mucho mayor (cf. Lucas 12:47: “recibirá muchos azotes”).

Usando la analogía de la lengua, Santiago también nos invita a examinarnos a nosotros mismos, y quizás también a los demás a nuestro alrededor, usando en ambos casos el mismo barómetro: lo que hablamos, pues por nuestras palabras vamos a ser justificados y por nuestras palabras vamos a ser condenados (Mateo 12:37).

Entonces, si un hermano o maestro no tiene realmente a Cristo en su corazón, esto se va a reflejar claramente en sus palabras.  Una persona que ama a Dios no va a estar criticando, murmurando, y hablando mal de los demás.  No va a tener mala lengua.

Si de verdad tenemos a Jesús en nuestro corazón, vamos a demostrarlo con nuestras palabras, con nuestras acciones.  Debemos de reconocer también que, aunque de vez en cuando vamos a meter la pata, y vamos a decir algo que quizás no está bien – aun asi, después nos vamos a arrepentir también, pero lo vamos a hacer porque reconocemos que en nuestros corazones todavía hay maldad (Romanos 3:23).

Si Cristo en verdad mora en nosotros, y si moramos nosotros en Cristo, vamos a querer crecer espiritualmente.  Vamos a querer leer la Biblia y gastar momentos a solas con Dios.  Estas dos cosas son extremadamente importantes.  Leer la Biblia y orar a Dios Todopoderoso diariamente.  De ello depende nuestro crecimiento espiritual.

Puede ser todo un desafío entonces querer examinarnos a nosotros mismos de una forma neutral y con la ayuda del Espíritu de Dios.  Pero nosotros mismos debemos de escoger nuestro propio camino.  O bendecimos a los demás, o maldecimos a nuestros semejantes.  O somos fuente de agua dulce o de agua salada.  O somos calientes o somos fríos.  Ser tibios no es una verdadera opción.  Quizás por un tiempo, por la misericordia de Dios, pero Cristo es bien claro sobre esto, si seguimos tibios, eventualmente Cristo nos vomitará de su boca y será evidente que no seremos más parte del Cuerpo de Cristo (Apo. 3:15-16).

 

 

Lectura adicional:  Mateo 12:35-37: Lo que Jesús dice sobre la lengua o la boca a los fariseos:

    35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.

    36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.

    37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

 

 

 

Bibliografía

Daniel Carro et al., Comentario Bíblico Mundo Hispano Mateo, 1. ed. (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 1993–).

Juan Carlos Cevallos, Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 23: Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, Judas (El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano, 2006).

John MacArthur, Biblia de Estudio MacArthur (Nashville, TN: Thomas Nelson, 1997).

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